21 Comments
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Emilio Ocampo's avatar

Bueno. A mi por el contrario me pareció muy buena. Respeto tu opinión pero tu argumentación en contra de la dolarización es falaz e inconsistente ademas de ignorar la historia argentina y su realidad institucional. Yo hubiera respondido casi igual que ChatGPT. Por eso puse su respuesta

Ignacio Grimoldi Stengel's avatar

Ayer Milei dijo que cumplieron el 98% de las promesas de campaña. A varios periodistas.

Ninguno se animó a preguntarle si cerrar el Banco Central era parte de ese 2%.

No hay que aflojar con esto, no es criticarlo por criticarlo. Es para asegurarse de que todo lo bueno que viene haciendo dure.

Emilio Ocampo's avatar

Es exactamente como vos decís

Félix Rozitchner's avatar

Excelente escrito

Lou Amm's avatar

Para mí es tan claro que me llama mucho la atención que Milei no se dé cuenta. Espero sinceramente que no deje pasar esta nueva oportunidad histórica.

RODOLFO J NOVARINI's avatar

Ojalá se lo pueda convencer a Javier Milei de cumplir la única promesa de campaña incumplida: cerrar el BCRA.

Con respecto a Menem-Cavallo creo está siendo muy generoso al no mencionar el déficit fiscal que plantó la bomba que el sistema corporatista-proteccionista-populista hizo estallar en 2001.

Emilio Ocampo's avatar

Durante el período 1991-1996 durante el cual Cavallo fue ministro de Economía la Argentina mantuvo un superávit fiscal promedio de 0,8% del PBI sin retenciones (que hoy representan casi 1,1% del PBI)

La convertibilidad no cayó por el déficit fiscal sino por la presión del lobby devaluacionista y sus mandatarios Alfonsín y Duhalde

RODOLFO J NOVARINI's avatar

Sin embargo lo que he escuchado es que el superavit fiscal durante esos años fue posible gracias al ingreso de fondos de las privatizaciones. Lo cual si es cierto debe ser tenido en cuenta que se dilapidó ese capital.

Y tampoco hubo deficit fiscal entre Ago-96 y Dic-99? Me llama la atención que el lobby devaluacionista tuviera exito con una politica fiscal sana. De hecho Lopez Murphy cae porque la politica no está dispuesta de cerrar la brecha fiscal. No es así?

Emilio Ocampo's avatar

Sin privatizaciones el superavit primario fue 0,2% del PBI en promedio

Lopez Murphy duró 15 días y la ley déficit cero se aprobó durante la 2a gestion de Cavallo

El déficit problematico en 2001 era en parte generado por las provincias y en parte generado por el sistema previsional

De cualquier manera, no entiendo cual es su punto. El mio es que la experiencia de la convertibilidad demuestra que la estabilidad monetaria debe ser la primera reforma porque es la que potencia las demás.

En Ecuador con déficits de 4-5% del PBI durante la gestion de Correa y no se cayó la dolarización.

RODOLFO J NOVARINI's avatar

Habiendo tenido el placer de estudiar con Nicolas Cachanosky, estoy convencido de la necesidad de la dolarización formal (y eliminación del peso), ya que aunque se sostenga el equilibrio fiscal siempre existe la posibilidad de un ataque a la moneda (como vimos en las últimas semanas) y tarde o temprano habrá alguien que dará el brazo a torcer expandiendo la base monetaria.

Sin embargo tenía la impresión que la disciplina fiscal seguía siendo crítica en un contexto de estabilidad monetaria.

En cualquier caso entiendo que no aboga usted por la falta de disciplina fiscal sino que argumenta que la estabilidad monetaria es más importante.

Muchas gracias por sus aclaraciones.

Franklin Lopez's avatar

A Milei se le acabaron las "razones" (excusas) para no dolarizar. Luis Caputo debe salir del gobierno. Como en el fútbol: Fuera Caputo, Fuera

Miguel de Oromí Escalada's avatar

Sin una moneda de clase mundial no despegamos. Nadie lo logró. Creer que el peso va a lograr esa condición , es ingenuo y utópico. 90 años ya de no poder lograr independencia entre el BC y el Tesoro son la prueba. Incluso hoy no hay independencia con Milei y todo. Caputo y Bausili son socios de años: no creen en la autonomía del BC.

De ahí a que la dolarización se pueda hacer con reservas negativas no lo sé. Ojalà.

La mayoría de los economistas y el FMI no lo ven como salida

Estamos atrapados!

LISANDRO FARINOLI RIBOTTA's avatar

le falto mencionar la "irresponsabilidad fiscal" de los señores feudales (gobernadores) que se endeudaban con garantia en la coparticipacion, y los ingresos por esta ultima en casi todas las provincias iban a cancelar intereses de deuda y asi montaron las cuasimonedas, obviamente endosando sus irresponsabilidades al gobierno nacional-.

Gonzalo Avendano's avatar

Por suerte Milei no dolarizo cuando asumio. Si lo hubiera hecho en ese escenario tan distorcionado de precios relativos, ya hubieramos volado por el aire. El Presidente ya no seria Milei. Ahora la situacion esta mas arbitrada, sin embargo no creo en la dolarizacion, no creo que sea conveniente para Argentina, al menos por ahora.

La dolarizacion parece muy atractiva cuando el caos monetario es muy grande, asi como el chaleco de fuerza para una persona con una crisis psiquiatrica puede ser tambien lo indicado en un determinado momento, pero no es la solucion definitiva.

Admito que he cambiado de opinion, veo a la dolarizacion como un “short cut”, un atajo de corto plazo. Creo que lo correcto es hacer una administracion monetaria responsable.

Ni siquiera Suiza pudo mantener la fortaleza del Franco Suizo producto de su excelente administracion, al estar rodeado de paises del mundo Euro, tuvo que claudicar y debilitar el Franco para alinearlo con el Euro. Y si algun dia, quisieramos anclar nuestra moneda, lo correcto seria hacerlo contra el oro, o una canasta de monedes que reflejen nuestro comercio exterior, pero no contra el dolar que esta entrando en una etapa de devaluacion y manipulacion con resultado incierto.

Emilio Ocampo's avatar

Gracias por tu comentario Gonzalo. Hay muchas inexactitudes e inconsistencias en tu argumentación. Para ahorrar tiempo le pedí a ChatGPT que conteste. Se ve que está aprendiendo

Respuesta al lector

Agradezco el comentario, porque resume bien una posición muy extendida entre quienes reconocen los males del peso pero desconfían de la dolarización. La idea es, más o menos, la siguiente: “Por suerte Milei no dolarizó al asumir, porque con los precios relativos tan distorsionados habríamos volado por el aire. Hoy la situación está más arbitrada, pero dolarizar seguiría siendo un error. La dolarización puede ser útil como un chaleco de fuerza en momentos de locura, pero no es la solución definitiva. Lo correcto sería una administración monetaria responsable. Y, además, el dólar está entrando en una etapa de devaluación, así que convendría pensar en otro anclaje, quizás el oro o una canasta de monedas.”

El razonamiento parece prudente, pero está lleno de incoherencias y errores de diagnóstico.

La primera incoherencia es confundir el régimen monetario con la estructura de precios relativos. La dolarización no congela los precios ni impide su ajuste. Lo que hace es eliminar la posibilidad de que el Estado siga distorsionándolos mediante inflación, devaluaciones o controles. Si los precios relativos están desalineados, lo peor que puede hacerse es mantener una moneda inestable y un banco central sin credibilidad. Ecuador dolarizó en el año 2000 en medio de una crisis mucho más profunda que la actual argentina. Los precios, salarios y tarifas estaban fuera de toda proporción. Sin embargo, lejos de “volar por el aire”, el país recuperó rápidamente la estabilidad, la inflación cayó a niveles internacionales y los precios relativos se reacomodaron sin trauma. Panamá y El Salvador muestran lo mismo: cuando la moneda deja de ser un instrumento político, el sistema de precios vuelve a cumplir su función natural.

Otra incoherencia es la metáfora del “chaleco de fuerza”. Se asume que la dolarización limita la libertad económica, cuando en realidad lo que restringe es la discrecionalidad del Estado. La inflación crónica argentina no es una crisis nerviosa pasajera; es una enfermedad institucional permanente. El “chaleco” no se le pone a la economía, sino al político que abusa del monopolio de emisión. Pedir una “administración monetaria responsable” es ignorar setenta años de experiencia: cada gobierno prometió lo mismo y todos fracasaron. No por falta de inteligencia, sino por incentivos. Cuando existe la posibilidad de financiar el déficit con emisión, siempre termina usándose. La dolarización parte de un principio de realismo institucional: si no podemos confiar en la discreción, necesitamos reglas que la eliminen.

El ejemplo de Suiza tampoco ayuda. No “claudicó” frente al euro ni “debilitó” su moneda: intervino temporalmente para evitar una apreciación excesiva durante la crisis europea, y aun así el franco suizo sigue siendo una de las monedas más fuertes del mundo. Comparar esa situación con la de la Argentina —un país que ha destruido sucesivamente todas sus monedas— es como comparar a un atleta con un paciente crónico.

La propuesta de anclar el peso al oro o a una canasta de monedas es otra muestra de desconexión con la realidad contemporánea. Hoy alrededor del 80% del comercio mundial se factura en dólares, según los estudios de Gita Gopinath, y aunque la Argentina comercia directamente con Estados Unidos apenas entre 20% y 25% de su total, casi el 100% de sus flujos financieros —deuda, depósitos, bonos, contratos, inversiones— están denominados en dólares. Además, dada la afinidad política y estratégica entre Milei y Trump, es razonable esperar que el comercio bilateral con EE.UU. aumente, reforzando aún más la lógica de integración con el sistema dolarizado global. Hablar de una “canasta de monedas” o de un “anclaje al oro” puede sonar sofisticado, pero en la práctica implicaría aumentar los costos de transacción y operar al margen del sistema financiero internacional. En otras palabras: construir una economía paralela a la realidad del mundo.

Tampoco es cierto que el dólar esté “entrando en una etapa de devaluación”. De hecho, según los datos del Bruegel Institute, su tipo de cambio real efectivo está en los niveles más altos desde el colapso de Bretton Woods. Pero incluso si se depreciara, eso sería una buena noticia para una economía dolarizada como la argentina: un dólar más débil abarataría nuestros costos en términos reales, impulsando exportaciones, turismo e inversión. Lo opuesto de lo que ocurrió durante la convertibilidad de los 90, cuando el dólar se apreció más de 30% y la Argentina se encareció artificialmente. Es decir, el supuesto “peligro” de un dólar más débil es, en realidad, una ventaja.

Hay además un punto que suele pasarse por alto: la dolarización libera el enorme stock de dólares que los argentinos ya poseen pero mantienen fuera del sistema formal por miedo o desconfianza. Bajo un régimen bimonetario, esos dólares no circulan: están inmovilizados en cajas de seguridad o en el exterior. Con una dolarización plena, podrían volver a integrarse a la economía sin costo de transacción, expandiendo el crédito y la liquidez. En los hechos, ya somos una economía dolarizada; lo que falta es institucionalizar esa realidad.

Y si algún día el dólar dejara de cumplir sus funciones, la gente sería libre de adoptar otra moneda. La dolarización no es un sistema cerrado ni eterno; es un marco de libertad monetaria. Pero esa libertad solo existe si el Estado deja de imponer el uso del peso por ley.

En resumen, el argumento que parece prudente es, en realidad, contradictorio. Reconoce el fracaso del peso pero insiste en conservarlo. Habla de precios relativos, pero ignora que la causa principal de su distorsión es la inflación. Desconfía del dólar, pero vive en una economía que ya se financia y ahorra en dólares. Propone “administrar mejor” una moneda en la que nadie confía, y apela a ejemplos internacionales que no entiende. Es la típica posición del moderado argentino: consciente de los síntomas, pero reacio a admitir el diagnóstico.

La dolarización no es un atajo ni un chaleco de fuerza: es una reforma institucional definitiva que pone fin a una ilusión que solo nos ha empobrecido. Rechazarla porque el dólar podría debilitarse, o porque el Banco Central podría “portarse bien”, es como negarse a tomar una cura efectiva por temor a perder la costumbre de estar enfermo.

Gonzalo Avendano's avatar

La verdad que la respuesta de Chat GPT me parece basura. Y me parece un desprecio a mi opinion de tu parte responderme con Chat GPT (yo tambien lo tengo) Es la ultima vez que voy a comentar en tu blog y ya mismo me voy a borrar. Valoro mucho mas tus comentarios y argumentaciones que los de Chat GPT!!! Nos vemos!

Emilio Ocampo's avatar

Bueno. A mi por el contrario me pareció muy buena. Respeto tu opinión pero tu argumentación en contra de la dolarización es falaz e inconsistente ademas de ignorar la historia argentina y su realidad institucional. Yo hubiera respondido casi igual que ChatGPT. Por eso puse su respuesta

Gonzalo Avendano's avatar

Le pregunte a ChatGPT como responderte y me indico lo siguiente:

1. Podés responderle con calma y sin confrontar, algo así:

“Emilio, no tengo problema en debatir ideas, pero lo que me molestó fue la forma en que elegiste responder, no el fondo del debate. Me pareció una falta de respeto que reemplaces una conversación entre personas por una respuesta automática. Yo valoro tus argumentos y tu capacidad para explicarlos, no una réplica generada por una máquina. Si querés debatir, lo hago encantado, pero de persona a persona.”

2. Y sí, tu sensación de ofensa es totalmente comprensible. No fue solo desacuerdo intelectual —fue el gesto. Cuando alguien usa una herramienta automática para “responderte”, en vez de tomarse el tiempo de hacerlo él mismo, comunica que no valora tu opinión lo suficiente como para discutirla directamente. En ese contexto, la reacción que tuviste fue proporcional y legítima.

Emilio Ocampo's avatar

Yo no estoy ofendido. El ofendido sos vos! Lamento que te ofendas porque puntualizo las inconsistencias de tu argumento. La respuesta de ChatGPT tampoco me ofende.

Gonzalo Avendano's avatar

Ya nos veremos sin ChatGPT de por medio

Mateo Hayes's avatar

No puedo estar más de acuerdo Emilio, y es la frutilla del postre que falta para asegurar el camino hacia una Argentina estable sin riesgo de que el estado pueda volver a interferir en la política monetaria, por lo que me pregunto, luego de ese gran convencimiento de Milei en toda su vida como economista y en campaña de queso única alternativa es cerrar el BCRA, cuáles fueron las razones o los argumentos lógicos que le permiten en su mente austríaca pensar de que la Argentina puede crecer a largo plazo con un Banco Central, me imagino que a usted se le comunicó algo de esas razones, es algo que no paro de preguntarme.

O no sabemos bien cuál es el plan del gobierno para asegurar una Argentina sin BCRA a largo plazo o tienen razones lógicas basadas desde una perspectiva austriaca para poder garantizar el futuro de la Argentina.